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Thursday, March 10, 2005

Cenando con Vino (Revista Placeres, Marzo/Abril 2005, Edición 3)

 

Por Liz Caskey

    En este país hay infinitas opciones de vino. A veces, demasiado. Aqui estoy, completamente paralizada por la indecision, y mal estacionada en el largo pasillo de vinos en mi supermcado habitual. Esto debe ser fácil. Y placentero. Sólo necesito tomar la sencilla decision de qué quiero cenar hoy y el vino ideal para acompañarlo. Suena easy pero en este momento se está volviendo un evento monumental. Es minuto de analizar mis caprichos culinarios del día, luego escoger el varietal y después -¡ayuda!- navegar en el vertigo de no sé cuantas viñas, todo un desafío. Okay, enfócate Liz.
    Me suelen preguntar, por mi negocio de tours gastronómicos y vinos, qué me preparo y tomo en la casa. La verdad es que soy bien floja y tiendo a pasar el menos tiempo posible cocinandome algo. Acostumbro hacer cenas modestas y sanas y abrir botellas de 5 lucas promedio por vino. También empleo los trucos y los tips de los sommeliers para combinar vinos y comida potenciando estas combinaciones sencillas.
    De vuelta en el pasillo del supermercado frente al pelotón de fusilamiento, necesito poner en práctica rápidamente estos conceptos de maredaje o arriesgar volver a la casa caminando ya que mi pareja está perdiendo la paciencia con mi indecisión. Primero, la pregunta millonaria, ¿qué quiero comer?. El clima me dicta esto -es un horno afuera con el calor- mariscos/pescado o ensalada con un vino liviano y fresco, blanco o rojo. Cabs, Merlots, Carmeneres, Syrahs, y asemblajes de gran cuerpo están descartados al tiro.
     Echo un vistazo a lo que se ha acumulado en mi carrito: hojas verdes, palta, pimentón, pepino, cebollín, porotos negros (en lata), queso cabra, tortillas integrales, cosas para el desayuno. Ahora un flash mental del inventario en mi casa: leche de coco, piñones, cranberries, callampas, sésamo, nori, varios arroces y granos, hierbas frescas, cebolla morada, limón sútil, espinaca (congelada), vinagres, aceites, especias. Muchas posibilidades.
     Sigo descartando, ahora guiada por los mismos ingredientes y lo que llamo “factor de lata”, es decir, cuánta “lata” involucra la preparación. Siento en mi boca un filete de atún sellado (crudo adentro) sobre hojas de rúcula crocantes y amarguitas, con un aderezo de soya-jengibre y un Pinot Noir un poco helado, frutoso. Este plato está inmediatamente desalojado al sólo pensar en pegar el pique a un proveedor (complicado). Next. Ahora me obsesiono momentaneamente por sushi casero, quizás unos rolls de California o salmón ahumado y un vino espumoso seco o Sauvignon Blanc. Naaah, olvídalo, factor de lata es alta, más de una hora de preparación. Supongo que podría pedir a domicilio pero eso derrota el objetivo de esta excursión culinaria.
     Otras alternativas… de repente, tengo una añoranza (después de la idea del vino espumoso) por mi favorito clásico gringo: Oysters Rockefeller. Delicadas y deliciosas, cubiertas con espinacas sedosamente salteadas en aceite de oliva y mantequilla con ajo, migas tostadas y crocantes de Panko y Parmesano. Perfecto con una Cava española, o un Brut nacional. Ya, okay, voy con esto (y la Cava). Pego un sprint al departamento de mariscos/pescados para buscar las ostras pero desafortunadamente, y mi desilusión, estoy informada por uno de los trabajadores disfrazados de marineros que no es la temporada. Tachada nuevamente. Definitivamente identifico que mi paladar se está inclinando hacia lo tangy. Mi mantra de vino para versatilidad con comida es que el vino debe ser tangy  y la comida agria o ácida para rendir el placer máximo en la boca.
     Al final, como siempre, me voy con la vieja escuela. Eso para mi son los platos étnicos clásicos que anhelo constantamente y me fascinan cocinar. En el verano, uno de esos es el ceviche. Tomo la decision. Haré ceviche de corvina en jugo de limón sútil, con palmito, palta, tomate cherry y menta, acompañado por un Sauvignon Blanc fresco, jugoso y tangy. Misión finiquitada. A la mitad del pasillo, me freno con otra idea —y probar esto también con la Cava podría resultar divertido, a ver los dinámicos del sabor. ¡Sí!….una pequeña cata-degustación durante la semana nunca mató a nadie, de hecho, lo contrario. Indecisión vencida, y muy contenta, me dirijo hacia la caja con mis dos vinos, ingredientes para el ceviche y otros tesoros.
 

22:15 Posted in PLACERES MAGAZINE (Chile) | Permalink | Comments (0) | Email this