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Saturday, June 11, 2005

Armonizando Comida e Invitados (Revista Placeres, Mayo/Junio 2005, Edición 4)

Por Liz Caskey

    El año pasado, invité a cenar a unos parientes de mi pareja por primera vez. En un intento para impresionarlos y deslumbrar sus pápilas gustativas, preparé un plato Malayo de pollo cocido en leche de coco con verdures frescas, ají, jengibre, ajo y otras especias. Las combinaciones para mí (y mi pareja) estaban vigorizantes y exquisitas. Sin embargo, con la progresion de la cena, habíamos terminado inusualmente antes que nuestros invitados y comencé a notar desesperación en sus caras acompañadas de pequeñas gotas que brillaban en sus frentes. Una vista rápida a los platos a medio comer y confirmé mi sospecha, no estaban disfrutando. De hecho, todo lo contrario. De repente me di cuenta: había cometido el faux pas de planificar una cena: no había combinado mis invitados con la comida servida.

Combinar invitados con comida es a mi juicio quizás más importante (y difícil) que el maridaje de comida y vinos de la cena. Bien hecho, puede funcionar como magia produciendo conversación fantástica y animada que extiende la noche entera y hasta involucra a la comida como protagonista. Pero cuando está mal diseñado, puede presagiar desastre total, saboteando el sentido de humor (y el paladar) de todos. Después de muchos dolores de cabeza y triunfos en este departamento -incluso en un momento estaba jugando con la idea de sólo servir platos de una lista “aprobada y segura”- llegué a unos tips que me han guiado al navegar el rompecabeza de maridaje de comida e invitados.

     Lo primero que atesoro es, “¿Qué quiero comer?”. Sí, parece un poco egoísta pensar primero en mi paladar sobre el de mis invitados, y a veces me ha metido en un lío total, pero planificar y ejecutar una cena es mucha pega. Mucha. Hay todo un proceso detrás y quiero disfrutar de esto: revisando mis libros de cocina para decidir el menu exacto; invitando a la gente; haciendo las compras en el mercado y luego cocinando; poner la mesa y obviamente, la cena misma. Mientras que estoy en el modo mental “Qué-quiero-comer” y pensando en los invitados que vienen, también analizo quienes disfrutarán de verdad y apreciarán la comida. Por ejemplo, comensales aventureros podrían estar combinados con cocinas asiáticas, como la Indonesia o Balinese porque estarían abiertos a los nuevos sabores y texturas. En cambio cuando los conservadores gastronómicos aparecen en mi casa (normalmente son parientes), tiendo a ir con los Clásicos Norteamericanos como los crab cakes (queques de jaiba). La cocina mediterránea también funciona bien en estos casos. Aunque estas preparaciones son menos interesantes para mi (soy fanática total de cocina picante y étnica) me he dado cuenta que con gente como mi mamá, no puedo, ni debo empujar sirviendo erizos o ostras crudas. No vuela para nada.

     Cuando la convocatoria es algo mas forzada es necesario mencionar y tener mucho cuidado en combinar gente que tiene alérgia-con-peligro-de-muerte a ciertos tipos de comida..., okay!, no usaré maní si eso significa que evito llevarte directo a la sala de emergencia. O el ingrediente Religión; si un invitado cree que comer algo resultará en su inmediata expulsión celestial, entonces no quiero ser yo la responsable de servir comida culpable. Las areas grices que me estresan son las de los casi-vegetarianos, gente con regimen, y amigos con manías raras de comida común (como no comer champiñones o verduras verdes). A veces los invito, pero suele depender de mi humor y si quiero o no acomodar sus caprichos culinarios.

      El otro lado de todo esto es que existe una categoria de amigos míos (son muy pocos) que prueban y comen de todo. Nunca están de dieta; siempre aceptan una copa de vino (o un trago) con la comida, independiente de la hora que sea; nunca hay un “no me gusta”. Incluso, creo que soy más mañosa que ellos. Y no sólo comen por comer, disfrutan la comida con una intensidad contagiosa. La aprecian y entienden el cariño entregado en su preparación. La conversación normalmente persiste alrededor de lo que estamos comiendo, sabores y texturas en una especie de “group high”. Es conección total.

      Después de haber embarrado la cena con la familia de mi pareja, decidí reconfigurar el sabor de mi anterior invitación, con un almuerzo a uno de sus primos cuyo paladar había resultado bastante traumatizado aquella noche. Opté seguir la regla de los Clásicos Norteamericanos, hice un meatloaf húmedo y delicioso con aceitunas negras y hierbas frescas, acompañado por una salsa rica de tomate fresco y pimetón asado sobre puré de papas -de verdad. Fue un éxito rotundo, tanto que comió dos platos y no podía parar de hablar de la comida. Hasta me pidió una receta. Para mí, este plato no era la cumbre gastronómica (aunque sabía bien), pero destacó la importancia de aprender a combinar cuidadosamente los invitados con la comida, y respetar de vez en cuando las reglas también.

04:15 Posted in PLACERES MAGAZINE (Chile) | Permalink | Email this

Comments

no a lugar en este espacio, pero en virtud de que es la única forma de mantener la vigencia de un post desfasado: ¿y si le ponemos al queque de kaki, kekedekaki?

cheers,

d.

Posted by: dan | Saturday, July 23, 2005