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Sunday, September 11, 2005
Transporte de Olfato: Casa de los Espirítus

Cuando era niña, me escondía en la despensa para oler la diversidad de especias y hierbas secas que usaba mi madre para cocinar. Adoraba los aromas a canela picante, cardamomo sensual, comino térreo y lavanda fragante, me transportaron a tierras lejanas y culturas exóticas. Creciendo en un somnoliento pueblo de Pennsylvania, fue un escape emocionante, aunque etéreo, para viajar el mundo a través de mi olfato.
Hace unas semanas, mi pareja y yo fuimos a Santa Cruz por el fin de semana. En esta ocasión, más que los vinos, estaba interesada en conocer un lugar que elabora licores artesanales: La Casa de los Espíritus. Honestamente, no tenía idea qué esperar. Un viernes helado, al atardecer, llegamos a la Casa, fuimos recibidos por su anfitriona y una de los artífices de los Espíritus, María. Es una casa de campo típica, rescatada hermosamente con largos pasillos, piso parquet, muros de adobe expuesto y techos altos. Se veía suave y acogedor con la envolvente luz dorada de las docenas de velas prendidas.
Maria nos guió a través del proceso para elaborar los Espíritus, hechos de aguardiente macerado con una variedad de hierbas, especias y frutos. Durante la visita, sentí una sensación muy familiar. No fue dejá vu, sino un olor que no había sentido en muchos años. En medio de la degustación, la mesa ahora cubierta con pequeños vasos de coloridos licores, logré finalmente identificar el aroma. Provenía de la colección de hierbas secas colgadas desde las vigas. El olor me transportó a una pequeña tienda gourmet en mi pueblo natal que me encantaba de niña. Mi mamá y abuela me llevaban ahí para comprar té, café, hierbas y especias. Mientras compraban, yo recorría la tienda en silencio, absorbiendo los olores en una sobrecarga sensorial para mi nariz. En esencia, yo estaba simplemente descubriendo mi olfato. Más tarde, cuando era más grande y ya podía cocinar sola, el entrenamiento de mi nariz me guió en reemplazo de recetas.
Ahora, de vuelta en Chile 2005, el golpe de memoria me había dejado mareada. Inhalé profundamente, volada de recuerdos idílicos de mi niñez. De improviso, sentí una ola de nostalgia fuerte. Se fue y se reemplazó con un sentimiento muy cálido. Miré a mi pareja y me sonreí. Me sentí realmente afortunada, haber revivido un instante de mi niñez en este mi país adoptado.
Para visitas, llamar a la Casa de los Espíritus de Colchagua, (72) 822-754 o directo al Hotel Santa Cruz Plaza, (72) 821-010.
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