Wednesday, July 11, 2007

Dulces Chilenos (Revista Mujer, Abril 2007, version no editada

Por muchos años nunca pescaba mucho los dulces chilenos. Los encontré excesivamente dulces, hechos en exclusivo por los adictos al azúcar y los asociaba con algo que se vendían en los peajes a la salida de Santiago. Este verano, de vuelta a Santiago de Pichilemu, paramos en Peralillo en un lugarcillo por el costado de la carretera, la Misia Anita, que era nada más que una casita de palafitos que vendía estos clásicos dulces. En realidad mi pareja hizo el desvío para abastecerse hasta Santiago. Llegó al auto con una bandeja de varios dulces blanquitos y redondos como malvaviscos grandes. Al rato, el olor del manjar campestre acaramelado penetraba tanto el auto que mi curiosidad (y el hambre) me ganó--probé uno. Fue exquisito; y de hecho, no tan dulce. Hmm...quizás me cambie de opinión.            

El otro día salí a dar una vuelta por el barrio. Caminando por Monjitas, vi un lugar soso con un letrero que sólo decía “Pastelería”. Al pasar enfrente, salía tan buen olor que di vuelta y entré para ver qué tenía. Me saludó la dueña, la María Luisa, una joven de 75 años con cara delicada, pelo blanco y espiritú encantador. En su mostrador tenía no-sé-cuántos tipos de dulces chilenos entre otras exquisiteces como kuchen, pies, alfajores y empanadas. Me miró y me dijo, “Todo casero y rico” “ya llevo 45 años aquí pues!”.

Me orientó a sus distintos dulces recitando los ingredientes con mucho cariño: dulces de lucuma-manjar; almendra-manjar; naranja, alfajores con o sin chocolate. Para sus kuchens y pies con quesillo, me explicó como se hacía el yogurt con pajaritos y luego el queso cada mañana; también el proceso de hacer una masa delgada para los dulces; batir perfectamente el merengue todos los días y hacer la pulpa de las frutas a lo natural sin necesidad de mucho azúcar. Yo estaba totalmente hechizada con ella y sus dulces. Tanto que terminé comprando una muestra amplia.

Esa noche les presenté a mis suegros, mi pareja—y a mí los dulces. El veredicto? Sútiles, deliciosos, tan delicados que se derritían en la boca—concluimos que lejos eran los mejores que habíamos probado. Pero vaya, vaya, les recomiendo que los prueben por Uds. mismos.

Monjitas 389, Santiago Centro, 638-3950

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