Sunday, October 16, 2005
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Tuesday, February 01, 2005
Chefs en Su Salsa: Entrevista a Liz Caskey (Revista Placeres, Noviembre/Diciembre, Edición 1)

¿Cómo fue tu paso de los negocios a la cocina?
Aunque suena increíble, fue lo más natural mudarme de finanzas a la gastronomía. Cocinar y comer bien ha sido una parte fundamental de mi vida desde que nací. Mis papas eran “food lovers” totales llevándonos desde guaguas a las compras en ferias libres de los Amish (en mi Pennsylvania natal), muchas cenas y eventos preparados por ellos mismos en la casa, y lo mejor, vacaciones culinarias por todo los EUA enfocadas en siempre probar distintas comidas y conocer nuestro país y cultura a través del estomago. Por eso, la cocina para mi no es solo “preparar alimentos” o “satisfacer el hambre”—es una forma de concebir, entender y conocer el mundo, disfrutar de la vida cotidiana—y expresarme. Me metí en finanzas después de la universidad porque tengo un lado muy racional y práctico que me interesaba desarrollar. Era una excelente base pero en Chile vi la oportunidad de aplicar este conocimiento a mi pasión y lanzar mi propio negocio basada en ella. Es una buena combinación, creativa-“business”, y los resultados han sido excelentes.
¿Tú tienes un lado de tu cabeza muy racional como se aplica eso a recetas, ollas y platos?
Soy muy buena con números en general y esto se aplica bien en la cocina en términos de estimar cantidades, costos y elaboración de nuevas recetas—tanto así que creé modelos (financieros) como los que usaba en el banco para estandizar recetas y costos de platos. Es interesante analizar recetas desde este punto de vista y también vital para el “bottom line”.
¿Cómo veías cuando recién llegaste la cocina latinoamericana...la chilena?
Cuando llegué por segunda vez a Chile en 2001 estaba bastante impresionada por los cambios en la gastronomia chilena y cantidad de lugares nuevos experimentando con sabores menos tradicionales en comparisión a mi última estadía en 1997-98. En general, creo que hay una mayor consciencia de destacar los productos chilenos con técnicas refinadas y creatividad en los buenos restaurantes pero a mi juicio, estamos sólo en la primera etapa del desarrollo. Basta con un viaje corto a países vecinos como Argentina o Brasil para darse cuenta de esa diferencia y su difusión en la cultura diaria. Hay una cultura gastronómica fuerte en Argentina y Brasil donde salir a comer acontece en todos lados—desde el boliche o café de la esquina hasta el restaurant más chic. Hay de todos géneros, etnias y rango de precios de comida—y son todos buenos. La gente sale, come, también cocina y expermienta, disfruta, adora. Estuve en Sao Paulo y Rio de Janeiro hace poco y los restaurantes estaban llenos el domingo en la noche, me impresionó mucho. Hay pasión por comer y probar día-a-día. Me da perplejo porque no le ha pasado esto a Chile aún a esa escala—¿a qué se atribuye la demora? Anoto que en Chile todavía no está muy instalada esa cultura, o actitud culinaria, de forma masiva: tanto de salir a comer como de apreciar lo que signfica la buena mesa. A veces veo aqui que interpreto “comer bien” como “comer caro” y eso es una grande diferencia en las culturas con gastronomia más desarrollada. Para mi comer bien no es sinonimo de comer caro—todo lo contrario, a veces una picada rica y barata te da una sensación más grata que gastar una fortuna. Voy a ser muy franca y confesar que mi experiencia aqui ha sido muy “hit or miss” (achuntar o no achuntarlo). No hay discusión que los ingredientes primarios son maravillosos y hay unos restaurants y chefs haciendo cosas de alta calidad e interés—y va mejorando con cada año. Sin embargo, estos cambios son lentos, casi generacionales. Todavía el movimiento gastronomico como el que se vio en los EUA en los 1970-80s no ha tomado toda fuerza todavía—pero tengo mucha fé que vendrá y creo que Chile tiene mucha potencial—es cosa de tiempo y apertura de mente y frontera.
¿Cómo la ves y la has saboreado en estos años de vivir en Chile?
He disfrutado mucho de vivir aqui—siento que es mi hogar y que lo he conocido bien. Chile es un abanico de oportunidades, muchas cosas para construir y muy atractiva para gente con un espíritu empresarial—especialmente en sectores que recién se están desarrollando como la gastronomía, el turismo y el vino. Chile me da buen “gusto” en el sentido de que me permitió cambiar mi vida radicalmente y orientarla hacia donde quiero ir. Han sido buenos años-- conocí a mi pareja que ha sido parte integral en todo esto, he comido muy bien y cocinado con mucha pasión y creatividad, encontrado un estado en equilibrio a través del yoga y aprendido a saborear cada momento de cada día. En Latinoamérica, se vive y yo vivo y siento más.
¿De tus recorridos por Chile que recomendarías como imperdible a la hora de sentarse a la mesa?
Buen vino y buena compañía. En lo primero, viviendo en Chile, somos tan privilegiados de tener excelentes vinos a precios muy accesibles. Creo que el vino fino y la comida van mano-en-mano. Uno necesita y pide el otro. La buena compañía—ni es necesario decirlo, una comida rica no tiene el mismo gusto al comerla solo. Comer y sentarse a la mesa son actas diarias íntimas que se intensifican y se disfrutan más con la buena compañía.
¿Qué es lo que menos valoran los chilenos y que tu amas?
Los chilenos tienden a mirar hacia afuera en vez de hacia adentro y a veces no entiendo esto—en particular, con respecto al tema patrimonial y los barrios “antiguos”. Cuando me mudé al centro, Barrio Yungay, hace 3,5 años, me había enamorada de ese sector, su encanto, su historia, sus calles, sus ferias. Siento que vivo en otro país ahí, no una versión latinoamericana de Estados Unidos (que para mí es el barrio oriente con sus malls y condominios). Adoro la cotidianidad que se vive ahi en sus pequeños negocios, en charlar con los vecinos, en comprar verduras en la feria, en sus calles de aldoquines, en pertenecer a un “barrio”. Tiene personalidad, tiene color, tiene feeling. Me gustaría ver que los chilenos abrazaran más este aspecto de su patrimonio histórico en vez de verlo como algo menor frente a la cultura extranjera. Al siempre fijar la mirada hacia afuera, se pierde la perspectiva de lo cercano y lo que está adentro—que es una riqueza maravillosa en sí—y su verdadero ser.
Tú manejas un producto único que son los Tours Culinarios por el Barrio Brasil con pasada por la feria incluida. ¿Cómo son esos recorridos que terminan aquí en tu casa? ¿Cómo me los venderías?
Es más que un tour, es una experiencia. El recorrido histórico-arquitectónico, visita a feria y almuerzo en mi loft permiten una perspectiva de la vida cotidiana en Chile a través del contacto con sus calles y edificios de época, personas comunes y corrientes y obviamente, la comida. También un componente muy importante es la intimidad que se crea con los pasajeros—es como tener un amigo en una ciudad extranjera donde no conoces a nadie que te lleva a probar de su cultura, su barrio, su casa con muy buena onda, conversación y comida. Es compartir, dar y recibir, y con una perspectiva gringa-chilena.
¿Tú plato fetiche del momento? O tu ingrediente idem.
Mi plato fetiche (favorito) en los últimos años ha sido el curry verde tailandés bien picante como sirven los restaurantes auténticos tailandeses que conocía cuando vivía en Manhattan (hay un “boliche” así en el East Village que cocina como si estuviera en Bangkok, es increible y un pilgramaje cada vez que voy). En términos de ingredientes, creo que el atún crudo fresco, rojo brillante como sangre claro, ha sido mi ingrediente “obsesivo” por más de 6 años. Me encanta su textura mantecosa, su sabor levemente de pescado pero fresco y quiero probarlo en todas su infinitas combinaciones de sabores y texturas (aunque sashimi y tartare siempre ganan). En mi último viaje a Brasil descobrí que tiene mulitudes de atun fresco (y barato) ahi del Atlántico—fue como el cielo.
¿Qué es lo que no falta nunca en tu refrigerador?
Jugo de naranja recién exprimido, yogurt natural sin azúcar 0% grasa, mermelada casera, muchas verduras, y obviamente algún vino.
¿Comes con vino, agua o bebida?
Agua durante la semana. Vino en la cena de fin de semana.
Y por último, ¿lo que nunca te hecharías a la boca?
No sé, estoy dispuesta a probar todo...pero talvez bichos o gusanos grandes como comen en la Asia o “ofal” (órganos de animales) no me atraen demasiado. Depende de su cocción y las circumstancias. Menta y boca siempre abierta.
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